lunes, 26 de marzo de 2007

ENCUENTRO SOÑADO

Estoy impaciente, ansiosa, nerviosa, deseosa, todo junto, hoy veré por primera vez a mi Amo, camino dando vueltas por la habitación, doy una mirada a la mesita, está todo lo que pidió, se acerca la hora, tomo un sorbo de agua, me miro al espejo, sonrío, me veo bien, destaca sobre mi piel blanca la ropa interior negro, muy sensual, diminuto, me cubro con una bata blanca de seda y espero...
No tengo dudas, ya no hay marcha atrás, ansío con todo el alma este
encuentro, todo mi ser lo desea y lo pide a gritos.
Quién hubiera imaginado hace dos años atrás cuando conocí a mi Amo, el hombre que me cambio la vida, y hoy a punto de conocernos personalmente, ¡cuanta emoción y deseos contenidos, cuantos mensajes intercambiados, cuantas alegrías y frustraciones, tantas palabras, voces, risas!, y también lagrimas, muchas lagrimas, respiro profundamente
recordando todo aquellos primeros meses, siento una gran paz en mi alma, me siento feliz, toda mi esencia sumisa me pide postrarme ante El, ¡eso es lo que quiero, demostrarle mi adoración y devoción, arrastrarme a sus pies como verdadera esclava, ser utilizada como mejor le parezca, mi vida ya le pertenece, ¡oh Señor mío, utilíceme para su placer!
Llaman a la puerta, no titubeo, lo abro presurosa, ahí está... imponente, altivo, serio, me entrega una rosa roja y lo miro por unos breves segundos; es un hombre grueso, cabello plateado, ojos grandes, mirada penetrante y subyugadora, labios carnosos que deseo besar...es un hombre hermoso.

-Hola perrita.

Mi primer impulso es saltar sobre El, colgarme de su cuello, abrazarlo fuerte, muy fuerte, y llenarlo de besos en todo el rostro..., pero debo cumplir el protocolo, me quito la bata, me pongo de rodillas y me inclino humildemente.

-A sus pies Amo.

Me toma de la mano y me ayuda a levantarme, toma mi rostro entre sus manos y me da un suave beso en los labios, lo miro a los ojos, veo dulzura y una chispa de ternura a través de ellos, respiro apenas, una lagrima cae por mi mejilla.
Rompe la tensión, conversamos de todo un poco, reímos y bromeamos, le sirvo un refresco de cola que sé que le gusta, de pronto me pregunta.

-¿Tienes todo lo que te pedí que consiguieras?

-Si Amo, están en la mesita de la habitación.

Toma mi mano y nos dirigimos a la habitación, se sienta sobre la cama, me quedo parada frente a El, me mira fijamente, me acaricia el cuerpo, recorre sus manos sobre mi rostro, juega con mis labios, sobre el cuello, mis pechos, estira levemente los pezones que ya se encuentran duros y sensibles, continúa por la cintura, dirige sus manos sobre mi sexo, que ya lo siento humedecerse.

-¡Abre las piernas perra!

Casi como un roce pasa su mano por mi clítoris, me estremezco y no puedo evitar gemir, continúa por los labios vaginales hasta llegar al ano, con un dedo me frota suavemente en círculos sin introducirlo, coloca sus manos sobre mis nalgas y las estruja, hasta ese momento me sentía en las nubes, que flotaba, la excitación iba en aumento...,de pronto en forma intempestiva me da la vuelta y me echa sobre sus rodillas y zasss una palmada con regular fuerza que hace que vuelva a la realidad, y otro y otro y otro, alternando cada nalga, aumentando cada vez más la intensidad de la fuerza y la velocidad, trato de aguantar lo más que puedo, pero el dolor es fuerte, siento que todo mi cuerpo arde, pero al mismo tiempo deseo que continúe.

-¿Te gusta perrita?

-Si Amo, gracias Amo por disciplinarme.

Y zass otro

-¡Este es por desconfiada!.

-Gracias Amo. Confío plenamente en Ud.

-¡Este por preguntona!.

-Gracias Amo. Le juro que ya no haré mas preguntas, gemí

-¡Este por hablar sin habértelo autorizado!

Aquí opté por callarme, pero mentalmente respondí, gracias Amo

-¡Y este por capricho!.

-Gracias Amo.

Ya había perdido la cuenta de las nalgadas, pero no le quería decir nada, pues el dolor ya era intenso, solo atino a responder , gracias Amo cada vez que sentía la fuerza de su mano.

-¿Cómo te sientes perrita?

-Bien Amo- tratando de no llorar. Pero El sabia perfectamente que me dolía, sonreía y comenzó a frotarme suavemente las nalgas que estaban completamente rojas y sensibles, esperó que me calmara un poco y me echó sobre la cama.

-¿Te sientes mejor mi linda esclava?

-Si Amo.

Tomó de la mesa varias soguillas, me ordeno abrir los brazos y las piernas a cada extremo de la cama y me ató a ellos, ya imaginaba lo que venia, pero era algo muy deseado hace mucho por sentir y la sola idea me excitaba más.
Encendió una vela de color rojo, esperó un momento que empezara a derretirse.

-Por fin perra mía, vas a sentir lo que tanto deseabas desde hace mucho, ¿recuerdas cuando te ordené por primera vez que te aplicaras unas gotas de cera en los pezones?

-Si Amo, le obedecí gustosa y me gustó.

-Pues ahora lo sentirás mucho más mi putita, más intenso, y lo gozarás plenamente.

Ya deseaba que comience a verter las gotas de cera sobre mi cuerpo, estaba totalmente expuesta ante El, inmovilizada, esperando, sentí las primeras gotas sobre le pecho, sentía arder mi piel, se fue acercando a los pezones, me estremecí al contacto, en uno luego en otro, sentía que me quemaba, pero era un dolor soportable, siguió por el abdomen, el vientre, el pubis, con cada gota a pesar del dolor iba en aumento la sensación de placer, sentía que me humedecía; mi Amo me acarició el clítoris y todo mi sexo y dijo que no había problema como estaba mojada no sentiría mucho dolor al caer la cera, no terminaba de hablar cuando siento caer las gotas sobre los labios y si que quemaba, lance un grito, pero no podía moverme solo arquearme y soportar cerrando los ojos, y morder los labios. Poco a poco fue calmando y solo quedaba la sensación de placer, mi Amo me miraba complacido.

-Te ves preciosa perrita, me dijo,

-Gracias Amo, gracias por hacer de mí su esclava.

Me acariciaba los pechos, estiraba los pezones, los mordía y chupaba mientras con la mano me acariciaba el clítoris.

-¿Como te sientes?

-Me siento muy excitada Señor, permítame terminar, supliqué

-¿Lo deseas mucho verdad?

-¡Si Amo!, casi grité

-¡Córrete perra, quiero tus jugos y tu miel! ¡ábrete más, más!

Es inenarrable lo que sentía, la excitación estaba en su máximo nivel, gemía como loca, sentía convulsionar, me arqueaba, contraía todo el cuerpo hasta sentir la explosión final del placer infinito del orgasmo...
Me desató los brazos y las piernas, se recostó a mi lado, me acomodó en su pecho, lo miré a los ojos y sólo pude decir:

-Gracias Señor mío por aceptarme como su esclava y hacer de mi una perra muy feliz.

Me sonrió, besó mis labios y dijo:

-Descansa mi pequeña Sara, yo cuidaré de ti, esto es solo el comienzo...

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