martes, 11 de diciembre de 2007

LA AMANTE DEL SOL

Sí, lo sé amor mío, yo nunca te pido nada, salvo cuando te pido un imposible.
No creas que no valoro cada rayo de tu luz como el regalo más preciado.
Aprecio esos minutos junto a ti como los instantes más hermosos de mi vida,
agradezco cuanto me das y cuanto quieres darme en igual medida,
me haces sentir plena y, por ello, jamás, jamás te pido nada.

Nada te pido, hasta que mi caprichoso corazón desea un imposible
y me empeño en que, por mi antojo, detengas el mundo que calientas.
Entonces algo se me remueve dentro, me desdoblo y una parte de mí
-esa otra yo egoísta que siempre duerme, aburrida de nunca ser oída-,
encuentra la ocasión de susurrarme que tú, que eres el dador de todos mis deseos, astro omnipotente, el ser más asombroso,
deberías también saber cumplir mi sueño más difícil y penoso.

Y me digo a mi otro yo que es injusto pedirte lo que no puedes darme,
que no alcanzaría el sol a detener su curso por mucho que quisiera
y siendo yo su ser adorado, mala amante soy pidiendo un imposible.
Y me respondo furiosa, desde el otro lado infiel que nunca escucho,
que entonces para qué has de interesarme.

Y así, libro una batalla sin sentido destinada a provocarme el más cruel de los daños, a herirme con mis armas más terribles, a castigarme por mis deseos inasequibles.
Pero sé yo, y yo, ambas sabemos, que no está en tu mano cambiar nada en mi vida,
ni otorgarme paz de espíritu, ni guardarme, ni ofrecerme una salida,
pues sólo yo soy dueña de mi mundo a la deriva. Y si mi sol no puede detenerse,
si tiene que seguir la noche al día, razono al fin que sólo necesito, que me dejes abrazarte entre las sombras y esperes paciente, y con cariño, a que termine esta triste letanía.

Autor: Tautina

No hay comentarios: